lunes, 2 de agosto de 2004

"APUNTES SOBRE EL ESTADO DE LA FERIA DE LIMA" PUBLICADO EN MUNDOTORO PERU


Por Jaime de Rivero B

Para ningún aficionado es novedad que la asistencia de público a la Feria Taurina del Señor de Los Milagros ha disminuido en relación a las décadas pasadas. El público no acude masivamente a la plaza de toros de Acho, contrariamente a lo que ocurre en el interior del país en que la fiesta de los toros cuenta con absoluta popularidad.  No es crisis taurina en el Perú, ni siquiera en la ciudad de Lima, en cuya periferia se realizan constantemente festejos taurinos de distinta categoría: el problema es la asistencia a Acho.

Muchas causas han provocado la ausencia en los tendidos, dentro de las principales están la situación económica del limeño promedio cuyos ingresos no le permiten acceder a un espectáculo que es costoso en si mismo, y también la poca importancia de los toros en la vida social que hace que la Feria pase desapercibida para los ciudadanos, no sólo por la gran oferta de entretenimiento sino porque el trajín de la urbe aleja a muchos de las tradiciones y fiestas populares.

Pero quiero comentar ahora sobre un aspecto que considero propio de la fiesta de los toros y que también ha contribuido en la cuestión. La fiesta no cuenta con una organización interna adecuada que le permita detectar y solucionar muchos de los problemas que se presentan. A diferencia de otras actividades humanas, la tauromaquia no cuenta con federaciones, comisiones ni tribunales que organicen lo taurino de modo oficial. La escasa reglamentación que existe tan solo resguarda los presupuestos del espectáculo y la condiciones generales para su desarrollo. Si bien se cuenta con asociaciones de toreros, ganaderos, subalternos, periodistas y aficionados, cada cual se desenvuelve principalmente en torno a los intereses de su gremio; no existe ninguna entidad estatal o privada que articule formalmente a estos estamentos sobre la base del interés común que es, sin duda, promover y proteger organizadamente la actividad taurina en el Perú.

Si hacemos una comparación con los deportes encontraremos que se tiene una organización muy bien estructurada que comprende asociaciones a todo nivel, federaciones reconocidas por el Estado, confederaciones, comités y entidades internacionales que se encargan de organizar, controlar, reglamentar y sancionar a quienes participan oficialmente en cada disciplina. Al margen de las diferencias con el arte de la tauromaquia, su estructura es mucho más perfecta en la medida que permite diseñar un programa de desarrollo común y también detectar conflictos y aplicar soluciones eficaces.

En nuestro medio la falta de una organización de esa índole ha impedido adoptar medidas oportunas para situaciones como la que hoy atañe a Acho y que se gestó hace dos décadas. Así, veinte años después de haber aparecido el problema se reacciona en forma dispersa pugnando por una solución. Recientemente he asistido a una conferencia convocada por la Asociación de Peñas Taurinas de Lima, en la que se han planteado propuestas inteligentes para superar la crisis de Acho; sin embargo, tras las exposiciones algunos aficionados notaron que no existía claridad sobre quién o quienes deberían llevarlas a la práctica pues en algunos casos su aplicación demandará tiempo y trabajo, partiendo de estudios, cifras y otros factores que permitan elaborar un plan de desarrollo.

En días pasados y gracias a la información proporcionada por un aficionado vía internet, la afición conoció de tres proyectos de ley presentados al Congreso de la República para prohibir la asistencia de menores de 14 años a los cosos y, seguramente, abolir las corridas de toros. Aquel aviso movilizó los hilos taurinos y por gestiones individuales se pudo conocer el estado de esos proyectos que, de no haber sido así, probablemente hubiesen continuado su camino legislativo a espaldas de la afición. La reacción contra una amenaza concreta no debería depender del anuncio fortuito de un aficionado, sino de una organización que recabe información permanentemente para alertar sobre los ataques. 

El 29 de julio último se publicó el Reglamento de la Ley del Artista, Interprete y Ejecutante, con el que se pretende que en cada corrida de toros participe un matador nacional. Al margen de la ilegalidad de esa norma que contraviene el texto de la Ley, es obvio que responde a la gestión de un sector taurino que actúa aisladamente y por un interés propio, ignorando que tan irresponsable pretensión causaría la ruina de la Feria Taurina del Señor de los Milagros. La actuación desarticulada podría sorprendernos negativamente

Algo similar ocurre con los movimientos antitaurinos que operan en la ciudad y frente a los cuales la fiesta no está organizada para enfrentarlos. Hace muy poco tiempo he tomado conocimiento casual de una campaña que intenta declarar a la ciudad de Lima como antitaurina, en base a la recolección de firmas. Este es un problema para el que no existe organización para combatirlo, ni siquiera para estudiarlo. Si se quisiera responder a esa campaña el día de hoy, no se tendría conocimiento exacto de datos elementales de la realidad peruana como el número de festejos taurinos que se celebran anualmente, cuántas personas asisten, qué plazas funcionan, ni siquiera se sabe cuantas peñas existen.

Los cuatro casos anteriores sirven para probar la defectuosa organización taurina; nadie pretende imitar otras estructuras, pero si aprender de sus aspectos positivos.

No creo que la fiesta de los toros peligre por la inmensa popularidad que goza en el país, sin embargo esa situación puede variar en el tiempo y por ello urge contar con una organización que trabaje en la promoción y defensa de la tradición taurina en forma organizada y planificada. En el caso preciso de Lima sobre tres puntos concretos:

1.            Fomentar la fiesta en los sectores que tradicionalmente han sido parte de la historia de la plaza de Acho, con el objeto de que el público retorne junto con sus familiares y amigos. Ello es posible si tenemos en cuenta, por ejemplo, el festejo de Sábado de Gloria que se celebra en el Club Las Palmas al sur de Lima y que reúne al menos dos mil personas con poder adquisitivo, en su mayoría jóvenes que no acuden a Acho.

2.      Incorporar a los aficionados de origen provinciano. Para ello se puede recurrir a los clubes departamentales afincados en la ciudad, utilizar su estructura y base de datos para suplir las deficiencias de organización acotadas. Los triunfos de Juan Carlos Cubas en México son útiles para captar al público procedente de la sierra central.

3.               Explotar el turismo taurino a nivel internacional, especialmente en los países de América y Europa, que por su cercanía y bonanza económica, respectivamente, constituyen un nicho que bien puede ser conquistado. España y Portugal trabajan en ello desde hace cuatro décadas y hoy en día los turistas tienen presencia en cualquier coso ibérico. Se puede empezar coordinando con las peñas taurinas extranjeras.

Considero que lo óptimo sería lograr el apoyo del Estado, situación que muchos ven improbable por anteriores intentos que seguro no han prosperado por la ignorancia de la realidad taurina y por algunos tópicos falsos enquistados en la sociedad que deben ser extirpados. Sin embargo, una propuesta orientada desde una perspectiva cultural y turística que congregue otras tradiciones como Caballos de Paso, Gallos, Pisco, Comida y Música Criolla, podría tener acogida en el aparato estatal, en la medida que presagie un incremento de los ingresos directos e indirectos que obtiene el fisco y los gobiernos locales. 

Hoy como antes contamos con las herramientas para lograrlo, se tiene el apoyo de la prensa escrita, algunos medios televisivos, escritores, artistas, autoridades y empresarios de renombre que deben ser convocados. A ello se suma la presencia inusual de dos novilleros que con el tiempo deben convertirse en las añoradas figuras que mantengan viva la llama taurina de Lima y todo el Perú. El reto es para todos los taurinos unidos.

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