viernes, 17 de diciembre de 2021

Revista APLAUSOS "ANGEL TERUEL, TORERO DE LIMA" Escribe JAIME DE RIVERO



A

ANGEL TERUEL CON EL CELEBRE "PIANISTA" DE LA VIÑA,
AL QUE LE CORTÓ OREJAS Y RABO, EN LA FERIA DE 1970
Dos veces ganador del Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros (1969 y 1970), fue uno de los toreros predilectos de la afición limeña en los años 70 y uno de los mejores de su brillante generación

Escribe JAIME DE RIVERO


La relación de Ángel Teruel con la afición de Lima fue inmediata e imperecedera, de esos fenómenos inusuales que suceden cada tanto tiempo. La gracia y simpatía del torero madrileño caló hondo en la afición desde su debut en Acho en 1968 y, desde entonces, no hubo tarde en que no se le recibiera con admiración y cariño incondicionales. Su buena planta, enorme valor y profundo conocimiento de la técnica y del toro, elevado a un concepto refinado del toreo, lo convirtieron en un gran protagonista de la feria limeña de aquellos años.  

Teruel respondió de igual manera con su constante gratitud y siempre, donde estuvo, resaltó la importancia de Acho en el mundo taurino. Y es que, a diferencia de otras latitudes, Lima supo apreciar y reconocer precozmente las virtudes de su toreo clásico haciéndolo en muy poco tiempo, un par de años si acaso, “Torero de Lima”, riguroso distintivo que hasta entonces solo había sido concedido a Luis Procuna y Antonio Bienvenida. 

En el ámbito de la Feria del Señor de los Milagros, participó en siete ediciones, se presentó en 15 tardes en las que lidió y estoqueó 33 toros, recibiendo ovaciones en ocho oportunidades. Cortó 11 orejas y un rabo, y abrió cinco veces la puerta grande del viejo coso. Conquistó consecutivamente dos Escapularios de Oro del Señor de los Milagros, en los años 1969 y 1970, lo que ningún otro torero consiguió en el siglo XX.  

Actuó por primera vez en la feria el 10 de noviembre de 1968, alternando con Diego Puerta y Manolo Martínez, con toros de Jaral del Monte y Salamanca. Aquel año intervino en tres corridas y obtuvo un resultado positivo en todas ellas, sumando dos vueltas al ruedo y dos orejas, pero sobre todo, dejó sembrado en el corazón de cada aficionado la impronta de su fino arte torero.  

Al año siguiente tuvo dos tardes en Lima, triunfando con rotundidad en la sexta corrida al cuajar una gran faena al toro “Gavilán”, perteneciente al hierro de Yéncala. Sin lucir en el primer tercio, brilló con las banderillas sobre todo en un arriesgado par saliendo de tablas, clavándolas en la cara misma del burel. En los lejanos medios toreó como los grandes; destacaron sus derechazos a pies juntos llenos de pulcritud, hondura y sentimiento. Pocas veces se ha visto a Acho vibrando de esa manera. Pinchazo, media y descabello terminaron con su adversario. Dos orejas y una salida a hombros acompañado de Francisco Rivera “Paquirri”, le permitieron conquistar el Escapulario de Oro de aquel año.   

En 1970, Teruel llegó más cuajado tras una muy buena temporada española. El 1 de noviembre fue la tarde más completa que el madrileño tuvo en Acho. Alternó con Palomo Linares y Miguel Márquez, ante toros de La Viña. Aquel día se encontró, afortunadamente, con el célebre Pianista, un bravo sobrero de 522 kilos que salió en quinto lugar. Con el capote lanceó por verónicas y quitó fenomenal por chicuelinas. En banderillas realizó tres series distintas: al cuarteo, de poder a poder y de dentro afuera, las que convirtieron la plaza en un hervidero. Cuando brindó al público, alguien en el tendido alzando la voz predijo: “Teruel: ¡faena del recuerdo!”. Y sí fue. Con temple y mando, toreó magistralmente por derechazos como también por naturales, todo ello sobrado en empaque y torería. Una faena completa, maciza y contundente por la que, en medio de la locura colectiva, recibió dos orejas y rabo. Obtuvo por segundo año consecutivo el Escapulario de Oro.  

En 1971 se formó en Lima la peña femenina que enarbola su nombre y que se mantiene vigente hasta la actualidad, siempre liderada por las hermanas Ena y Techy Moyano Murguía. Aquel año, su paso por la feria limeña fue discreto.  

Tras cinco años de ausencia retornó en 1976, año en que tuvo una importante campaña en España. El infortunio lo acompañó en su primera actuación y resultó cogido seriamente por un astado de Yéncala. A pesar del percance, continuó hasta acabar con su oponente. Luego pasó a la enfermería de donde no salió más, no pudiendo continuar en la feria. Al año siguiente participó en dos tardes en las que no tuvo suerte con los lotes. 

Su última feria fue la de 1980. La tarde del 2 de noviembre de aquel año, reafirmó su maestría dentro de un cartel exquisito integrado por José Mari Manzanares y Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”. Ante un toro de la ganadería española de Atanasio Fernández, realizó una larga faena en la que demostró su calidad de maestro. A pesar de que un aviso y tres intentos le privaron de los trofeos, fue invitado a dar la vuelta al ruedo.  Su última actuación en Acho se dio el 30 de noviembre, tarde en la que tuvo un formidable tercio de banderillas compartiendo los palos con Paquirri. 

Teruel también hizo de fugitivo en Lima, a raíz de no presentarse en la corrida del domingo 7 de diciembre de 1980 en la plaza de Acho. El madrileño se negó a torear porque según su contrato debía lidiar toros de Huando y de un hierro español. Como el sorteo no le favoreció con esas reses, decidió no torear. La autoridad de la plaza formuló una denuncia y al final de la tarde se ordenó su arresto por 48 horas, sanción injusta y abusiva de una autoridad intransigente. Los agentes de la Guardia Civil lo estuvieron buscando por los hoteles de la ciudad sin poder hallarlo, pues avisado por la empresa, Teruel había huido a escondidas para alojarse en casa de un amigo, tomando al día siguiente el primer vuelo de regreso a España.  

Junto con Antonio Bienvenida son los únicos de los llamados “Toreros de Lima” que se han encerrado con seis toros en Acho. Aunque a diferencia de Bienvenida, que lo realizó durante la Feria del Señor de los Milagros, Ángel Teruel lo hizo en la corrida de la Facultad de Medicina de San Fernando, el domingo 27 de febrero de 1972. Aquella fue una verdadera gesta de entrega, en una tarde de sofocante calor veraniego, en la que el diestro español estuvo a punto de desvanecerse en varias oportunidades. Cortó cuatro orejas y un rabo, triunfando rotundamente con el sexto, Peruano, de Mimiahuapam, entre gritos de ¡torero! ¡torero! que remecían los cimientos de la vieja plaza.  

El cariño que Teruel profesó a la afición limeña se manifestó también en sus intentos por instituir, en 1971, una corrida goyesca de la jerarquía de las que se solían hacer en Madrid o Ronda. El proyecto de Teruel estaba concebido a manera de homenaje a la fundación de Lima, pero lamentablemente nunca se concretó. 

jueves, 28 de noviembre de 2019

Revista CARETAS "TOROS SIN AJILLO". Escribe JAIME DE RIVERO

TOROS SIN AJILLO

Escribe. JAIME DE RIVERO

Con este titular que viene a ser una suerte de remake, quiero recordar a mi predecesor en la página taurina de esta revista,  mi querido amigo José Carlos Valero Palma que resumió con esas palabras una tarde arruinada por el ganado en Acho El Marqués como también se le llamaba en alusión al título nobiliario que poseía, fue un polifacético español de generosa amistad, que se afincó en Lima a inicios de los años 80, abriendo el Sibaris que fue el mejor restaurante por aquella época. José Carlos se despidió en pleno ejercicio de su afición, viendo toros en Acho, una tarde octubrina de 2013.
El ajillo o ajo  es el ingrediente central de la cocina española tradicional, que era  otra de las grandes pasiones del Marqués. En los toros, el ajillo viene a ser la bravura; ese  ingrediente único e impredecible que hace posible el milagro del toreo en el ruedo. La bravura está definida por un conjunto de atributos que fueron estudiados y listados principalmente por los ganaderos Álvaro y Juan Pedro  Domeqc y Diez, y que uno de los sucesores de dinastía, Juan Pedro Domecq Solis sintetizó como "la capacidad de luchar hasta la muerte", en aquella magnífica charla que dio en Lima en el año 2000.
A los toros del domingo pasado les faltó ajo y ajillo, que no es otra costa que la casta que permite transmitir a los tendidos.  Y sin esa emoción que, además se nutre del peligro que debe imponer el toro, no hay fiesta.  Los astados de Santa Rosa de Lima y El Olivar fueron mansos, tardos y sosos. La antítesis de la casta que cuando es de la buena corona las mejores tardes.
Esta feria opaca en triunfos, tiene el punto débil en el ganado, lo que debe ser corregido como se dijo aquí la semana pasada. En lo que va del ciclo, los toros nacionales, en presencia y juego, han sido una escalera que no corresponde a la solera de nuestra  plaza.
Cayetano es un torero de finas maneras pero de una enorme irregularidad. Justo de valor y entrega, es de los que espera al toro cómodo que le sirva. Liberado de toda culpa por la mansedumbre incorregible del primero de Santa Rosa, que huía por el ruedo, pudo haber hecho más con el cuarto de El Olivar que fue el que más posibilidades ofreció de la tarde. Inició como bravo, con prontitud, movilidad y codicia, pero su falta de raza lo traicionó en el tercio final. El buen inicio de faena de Cayetano, son soberbios doblones, no fue acompañado de la lidia adecuada cuando afloró la mansedumbre que terminó malogrando la faena. Lo despachó de una estocada tendida al segundo intento. Fue silenciado.


Pablo Aguado, que confirmó alternativa, es un torero de corte artista que con lo poco que mostró, dejó buen cartel en los aficionados. Algunos apuntes sueltos llenos de sabor y toreria con el primero (bis) de La Viña, que reemplazó a uno de Santa Rosa cambiado por menor presencia. No pudo redondear faena por la indecisa condición del animal. Aguado tampoco puso toda la carne en el asador que es lo que deben hacer los que quieren llegar a la cima, siguiendo el duro camino recorrido por Roca Rey.
El sexto fue otro toro deslucido de La Viña que embestía a media altura sin entrega. Aguado intentó imponerse con la muleta, pero el toro parado y reservón se lo impidió. No hubo comunión entre ambos ni tampoco nada para anotar. 
Joaquín Galdós no se confío con sus adversarios y ese es un problema que aún no termina de resolver. En el toreo no todo son grandes faenas ni triunfos en apoteosis; cuando lote no es propicio importa mucho los gestos y la predisposicion.
El tercero, de Santa Rosa de Lima, acudía incierto y cruzado en los primeros capotazos de Galdós, cogiendo sin consecuencias a un subalterno. El torero peruano no se confió en ningún momento, cuidando al astado que lució nobleza pero sin emplearse en los engaños. La faena fue de más a menos, con dos buenas series de muleta al inicio del trasteo, aprovechando bien las primeras arrancadas, antes de que se viniera abajo el animal. Una estocada trasera dejó todo en silencio.
El quinto manseó desde los lances de tanteo de Galdós. Tras brindar al matador de toros Rafael Puga, brindó una faena breve en la que nunca se confió ante la descompuesta embestida del deslucido animal de La Viña, carente de raza y casta. Pitos para el toro y silencio para el matador.

CIERRE DE FERIA

Este domingo concluye  la feria con un cartel muy rematado. Se anuncia en corrida goyesca, esto es con los matadores y sus cuadrillas ataviados con trajes de la época de Francisco de Goya. Desde los años  90 no se realizaba una corrida de este tipo en la feria. En segunda comparecencia, Andrés Roca Rey buscará repetir el triunfo de la primera corrida. Alternará con Morante de la Puebla y Sebastián Castella, en la Lidia de la corrida más rematada y cuidada de Aníbal Vázquez .

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Revista CARETAS "SIN TOROS NO HAY PARAÍSO" -CRÓNICA 3° ACHO 2019 Escribe JAIME DE RIVERO


SIN TOROS NO HAY PARAISO

Mala presentación y juego de los toros Santa Rosa de Lima y Apóstol Santiago arruinaron la tercera corrida. Jesús Enrique Colombo dio la vuelta al ruedo con el que cerró plaza.

Escribe Jaime de Rivero

Mansos, descastados, probones, mirones, avisados, terciados, anovillados, corraleados, marrajos, son algunos de los términos muy taurinos que sirven para describir a las reses lidiadas el domingo pasado en Acho. Astados que echaron a perder una tarde que ya de por si tenía a los aficionados en contra por tratarse del cartel más bajo del ciclo.  
  
Muy fácil sería quejarse de los ganaderos por enviar esos animales, cuando no tuvieron tiempo para rematarlos debidamente y, en realidad, le echaron una mano a la empresa para que no se suspenda la corrida.  Se llegó a esta situación porque a pocas semanas, Casa Toreros desistió de lidiar el muy dudoso encierro de San Pablo, ganadería del interior anunciada en el cartel y que recibió severos cuestionamientos de los aficionados por su impreciso origen, no aclarados satisfactoriamente por la empresa.

Se buscó ganado para esta corrida a último momento, en un país que precisamente, carece de toros con la edad y el trapío que Acho demanda. Se escogió entre lo poco que había o sobraba, y el resultado fue animales indignos para la vieja plaza, lidiados con la venia de una autoridad complaciente, y bajo la justa protesta del público que paga mucho por una entrada y no ve reflejado su valor en el ruedo.

Montar una feria de la categoría de Acho sin toros es inaceptable.  En el paraíso taurino el Dios absoluto es el toro. Y esto parece haberlo olvidado Casa Toreros, que cuando tomó la plaza invirtió fuerte para traer ganado español de prestigio que lidió en las tres últimas ferias. Es momento de enmendar considerando que este ciclo deja como lección que las ganaderías nacionales aún no pueden sostener por si solas la feria de Lima.    

Jerónimo no entendió al que abrió plaza de Santa Rosa de Lima, soso, distraído y mirón, pero con posibilidades por su movilidad. El mexicano no acertó en la lidia, toreando al hilo del pitón, descolocado sin cruzarse ni tocarlo con la muleta como exigía este toro. Su labor fue silenciada.
Luis Bolívar poco pudo hacer con el segundo de Apóstol Santiago que punteaba los engaños, siempre con la cara alta y derrotando al menor descuido. También hubo silencio.

Las protestas por el anovillado ejemplar de Santa Rosa, no cesaron durante su lidia a cargo de Paco Ramos. El animal tuvo codicia, pero su descompuesta embestida impedía redondear las series de muletazos. Silencio.

Criticar a Luis López sería una necedad injusta. A ese marrajo ni Joselito El Gallo le sacaba un pase.  Imposible hasta para descabellar. El nacional escuchó los tres avisos.

Tan malo como el cuarto fue el quinto, también de Apóstol Santiago, al que un prudente Rafa Serna, sabedor del peligro que rondaba, lo despachó sin arriesgar un alamar.


Al final, alivió en algo la tarde Jesús Enrique Colombo que pudo cortar trofeo al buen ejemplar de Santa Rosa de Lima. Toro corto, bajo y largo de cuello, del tipo que da más posibilidades de embestir. Y así fue, el animal tuvo clase y recorrido que fueron aprovechados por el venezolano desde las primeras verónicas y chicuelinas, como en el fino galleo para colocarlo ante el caballo.  Tras el justo castigo, apuntó un quite por tafalleras y caleserinas con gusto y torería. Alborotó la plaza con las banderillas que fueron ovacionadas de pie.

El inicio de faena fue de rodillas en los medios, con pases largos y de mano baja que fueron los mejores de la tarde. Por el pitón derecho también logró buenos muletazos pero sin cuajarlos del todo, porque el animal acusó pronto la exigencia y el desgaste del segundo tercio. No hubo la misma emoción por el izquierdo. Bernardinas rematadas con la arrucina fueron los adornos finales.  Falló con el acero y todo quedó en una ovacionada vuelta al ruedo.

domingo, 17 de noviembre de 2019

AGENCIA EFE-- JESUS ENRIQUE COLOMBO VUELTA AL RUEDO EN ACHO



JESÚS ENRIQUE COLOMBO VUELTA AL RUEDO EN ACHO

Pésimo ganado de Santa Rosa de Lima y Apóstol Santiago desluce tercera corrida de la Feria del Señor de los Milagros. 


Corresponsal Jaime de Rivero

El diestro venezolano Jesús Enrique Colombo le cambió el rostro a una tarde gris en Acho, marcada por la mala presentación y juego de los toros de Santa Rosa de Lima y Apóstol Santiago que, en términos generales, acusaron diversidad de defectos que complicaron su lidia.  

La destacada actuación de Colombo se dio con el sexto de Santa Rosa de Lima, al que recibió con verónicas y chicuelinas de mucha clase y mando. Aprovechó con inteligencia al astado que embestía con trasmisión y codicia desde que apareció por la puerta de chiqueros. El primer tercio se desarrolló entre ovaciones destacando en los galleos por chicuelinas con que llevó la res al caballo. Tras el justo castigo, apuntó un quite por caleserinas ejecutado con gusto y torería.

El venezolano brilló con las banderillas colocándolas por ambos pitones para cerrar con un par de dentro afuera que puso al público de pie.  El inicio de faena fue de rodillas en los medios, brindando pases largos y de mano baja, que fueron los mejores de la tarde. Por el pitón derecho también logró buenos muletazos pero sin cuajar del todo, porque el animal acusó pronto la exigencia y desgaste del segundo tercio.  No hubo la misma emoción por el pitón izquierdo, restándole intensidad a su labor. Bernardinas rematadas con la arrucina fueron los adornos finales.  Perdió el trofeo con dos pinchazos y una estocada,

Jerónimo confirmó su alternativa de manos de Rafa Serna y con Colombo como testigo. El toro de Santa Rosa, abanto de salida, resultó soso, distraído y mirón hasta el final de su lidia, siempre embistiendo con la cara alta. Lo mejor del mexicano fue el quite por navarras bien ligadas con temple, ritmo y distancia. Con la muleta, Jerónimo lo llevó a media altura en series por derecho e izquierdo que no logró redondear porque en el tercer muletazo se quedaba descolocado a merced del astado. Mató de dos pinchazos y una estocada y fue silenciado.

El colombiano Luis Bolívar poco pudo hacer con el segundo de Apóstol Santiago que punteaba los engaños con la cara alta, sin pasar, desde que salió al ruedo, manteniendo esa condición durante toda su lidia.  En la muleta siempre acudió con la cara suelta y derrotando al menor descuido del torero. Mató de una estocada atravesada y caída.

El español Paco Ramos confirmó alternativa, de manos de Jerónimo y con Bolívar de testigo, con un anovillado ejemplar de Santa Rosa de Lima, que muy protestado por su escasa presencia. El animal acudía con codicia, aunque derrotando en exceso. El castellonense anduvo bien, destacando en un quite por chicuelinas, pero las embestidas descompuestas por faltas de clase, le impidieron redondear las series con la muleta. Mató de dos viajes y fue silenciado.

El peruano Luis López no tuvo opción con el cuarto, un marrajo de Apóstol Santiago que se colaba por el pitón derecho desde el primer capotazo. Por el izquierdo tampoco tuvo un pase. Lidia muy complicada en los tres tercios a un animal aparentemente corraleado. Se eternizó con el descabello y escuchó los tres avisos, pero el animal dobló -y fue apuntillado- antes de salir los cabestros. Pitos para el toro y silencio.

Similar condición tuvo el quinto, también de Apóstol Santiago, que correspondió a Rafael Serna. Manso de salida -saltó al callejón en su huida- también acudió a los engaños midiendo, sin recorrido y ciñéndose al bulto. Sin lucimiento en varas ni en banderillas, llegó parado e incierto a la muleta de Serna, que sin querer arriesgar nada optó por abreviar.

Plaza de Acho. 3° corrida de toros de la Feria del Señor de los Milagros. Media entrada. Se lidiaron 6 toros, desiguales y mal presentados: 3 de Apóstol Santiago: mansos, complicados, sin clase y orientándose; y 3 de Santa Rosa de Lima, anovillados, justos de raza y fuerza. Destacó el sexto que tuvo mayor acometividad. Jerónimo (silencio), Luis Bolívar (silencio), Paco Ramos (palmas) Luis López (silencio, tres avisos) Rafael Serna (silencio) Jesús Enrique Colombo (vuelta al ruedo) Confirmaron la alternativa Jerónimo, Paco Ramos y Luis López.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Revista CARETAS- "TOREROS CON OFICIO" -CRÓNICA 2° ACHO Escribe JAIME DE RIVERO


TOREROS CON OFICIO 
Joaquín Galdós y Paco Ureña cortaron trofeo y Miguel Ángel Perera perdió premio con el estoque, en controvertida segunda corrida de toros.

Escribe JAIME DE RIVERO

“Toro chico, dinero grande” era un dicho popular de los años 60 que reflejaba la imposición de las figuras españolas en América. Antológica frase con la que el querido crítico de La Prensa, Raúl de la Puente Raygada, finiquitaba charlas y disputas, de esas que tanto disfrutamos. En Lima el poder lo tienen las figuras y sus apoderados lo saben. Si en la víspera los hispanos se echan para atrás, no hay sustitutos disponibles. Tienen la sartén por el mango.

Todo hace indicar que ello ocurrió el domingo pasado en que tres astados del ganadero Aníbal Vázquez, de imponentes hechuras y trapio, aprobados por la autoridad, fueron descartados a última hora. La primera conjetura fue que desentonaban con los tres de Santa Rosa de Lima, de pobre presentación para Acho. Pero, la tesis que prevalece es que una vez vistos en los corrales, los toreros no quisieron lidiarlos. Y me refiero a la terna completa porque se requiere anuencia plena para esa imposición. 

No se crea que en reemplazo colocaron bichos insignificantes. Se incluyeron astados españoles de Sánchez Arjona y La Ventana del Puerto. serios, con edad y trapío, que a la postre funcionaron porque dos de tres embistieron. Sobre todo el quinto, un bravísimo de La Ventana con el que Ángelo Caro se lució en uno de los mejores puyazos que se recuerden en nuestra bicentenaria plaza, peleando con su cabalgadura desde la primera raya hasta los medios, y de regreso a los adentros.  Si los reemplazados y los sustitutos no eran toros chicos, entonces prevaleció la mayor probabilidad de juego intuida por los apoderados, insistiendo por lo español que es lo que mas y mejor conocen.

Hasta el momento de redactar esta crónica, no hay una explicación oficial de la empresa ni de la autoridad, y aquí reside el problema:  la informalidad en el trato al aficionado que paga una entrada y el daño al prestigio de Acho. Sabemos de las condiciones duras, cuasi imposibles, en las que se hace empresa en Lima, pero ello no justifica vulnerar lo esencial. No se debe olvidar que los errores se castigan en taquilla. La autoridad que también tuvo vela en está entierro, tampoco ha dicho nada hasta ahora. 
Joaquín Galdós se beneficio del baile de corrales al corresponderle el 6° de Sanchez
Arjona.El acero le impidió abrir la puerta grande tras faena templada y aclamada.
El progreso de Joaquín Galdós es innegable, pareciera que con la durísima cornada de este año ha ganado en madurez y convicción. Tuvo la actuación más completa de la tarde. Fino y arriesgado con el capote, no pudo redondear faena con el primero de Santa Rosa de Lima que perdió fuerza y transmisión en la muleta, pero cortó una oreja sin haber pedido mayoritario y por voluntad del Juez.

Comprendió y lidió al que cerró plaza de Sánchez Arjona, que llegó con poder y nobleza a la muleta, pero desconfiado y midiendo. El peruano lo dejó a su aire, llevándolo a media altura sin obligarlo para poder bajarle la mano en las tandas siguientes. Citando a la distancia justa consiguió series emocionantes por el derecho, limpias y esmeradas por el temple empleado. Cuando su oponente ya perdía fuerzas, lo atacó para provocarlo, cruzándose con la muleta a pitón contrario para que la faena no pierda intensidad. La espada le privó de abrir la puerta grande.

Paco Ureña que ha tenido una gran temporada en España cortó una oreja al bravo quinto de La Ventana del Puerto. Sus doblones al inicio no fueron redondos porque el toro tardeaba sin entregarse. Ureña tuvo el mérito de tirar del burel para hilvanar faena, aun sin romper. Con la izquierda y en cercanías, logró despertar al público, pero llevando al toro a media altura porque agotado había perdido recorrido y transmisión. Tras la estocada recibió el trofeo. Con su primero, sobrero de Sánchez Arjona, anduvo bien por el pitón derecho hasta que el toro se apagó. Mató mal de un metisaca y estocada.
Miguel Angel Perera estuvo notable con el 4° de Santa Rosa de Lima.
Miguel Ángel Perera tuvo momentos importantes con el cuarto de Santa Rosa. El imponente inicio de faena con cambiados en los medios llevó la emoción a tope. En los primeros derechazos el astado se recostó con peligro, lo que Perera corrigió llevándolo con la muleta empapada en la cara. Por el izquierdo la res tuvo menor recorrido por lo que el torero retomó la diestra. Circulares, el arrimón y el desplante fueron recursos que mantuvieron el valor de la faena.  No recogió trofeo por fallar con el estoque pero dio vuelta al ruedo.  

La mansedumbre del que abrió plaza, ensabanado, salpicado y botinero de Santa Rosa, impidió que Perera pueda mostrar su poderío.


domingo, 10 de noviembre de 2019

AGENCIA EFE --JOAQUIN GALDOS LO MAS DESTACADO EN ACHO



JOAQUIN GALDOS LO MAS DESTACADO EN ACHO 

Galdós cortó una oreja al primero de su lote y perdió la puerta grande al fallar con la espada en su segundo. Paco Ureña cortó una oreja y Miguel Angel Perera dio la vuelta al ruedo.

AGENCIA EFE
Corresponsal JAIME DE RIVERO

(LIMA) El torero peruano Joaquín Galdós ha tenido la actuación más destacada de la segunda corrida de toros de la Feria del Señor de los Milagros. Alternó con los españoles Miguel Ángel Perera y Paco Ureña, que también cortó una oreja, ante un disparejo encierro compuesto por astados de Santa Rosa de Lima y Sánchez Arjona, que reemplazó a las ganaderías El Olivar y La Viña, inicialmente anunciadas en el cartel.

Galdós recibió a porta gayola al corrido en tercer lugar de Santa Rosa, con el que estuvo muy fino con el capote, dejando detalles de mucho sabor y torería. Brindó al público iniciando con muletazos rodilla en tierra para luego tomar el pitón derecho con pases en los que aprovechó la fuerza inicial del animal.  No pudo redondear faena porque el astado fue perdiendo movilidad y fijeza. Mató de una estocada caída que fue premiada con una oreja benevolente.

El torero peruano estuvo muy acertado con el de Sanchez Arjona que cerró plaza, al que comprendió y aplicó la lidia adecuada. No se pudo acoplar en los primeros tercios que fueron de trámite y tanteo.  El toro llega con poder y nobleza a la muleta, pero acortando el viaje y midiendo en sus embestidas. Galdós lo dejó a su aire, llevándolo a media altura sin obligarle para luego bajar la mano en las tandas siguientes. Aguantándolo a la distancia justa logró series emocionantes por el pitón derecho, prolijas por el buen temple empleado. Cuando el oponente perdía fuerzas, el coleta peruano lo buscó, cruzándose con la muleta puesta en la cara para que repita, logrando que la faena no baje en intensidad. Perdió los trofeos con tres pinchazos y estocada, dejando todo en una fuerte ovación.

Miguel Ángel Perera no tuvo suerte con el primero de la tarde, ensabanado, salpicado y botinero, que tuvo un comportamiento abanto de salida. Siempre suelto de los capotes, se escupió del caballo al sentir la primera vara. Perera se lució con un emocionante quite por chicuelinas, ceñidas que fue lo mejor de su actuación. El diestro español porfió con su oponente, noble pero manso y sin entrega, que terminó buscando tablas. Un pinchazo perpendicular completado con un golpe de descabello, redujo todo a silencio para el torero y pitos para el toro.

El cuarto negro y silleto, no permitió el acople en los primeros lances.  El inicio de faena fue emocionante con cambiados por la espalda en los medios, arrancando el toro en las tablas.  En los primeros pases el astado se venció notoriamente por el derecho, lo que Perera corrigió llevándolo con la muleta empapada en la cara. Por el izquierdo la res tenía menor recorrido por lo que retomó los derechazos que fueron bien rematados con pases cambiados por la espalda. Circulares, arrimón y desplante fueron sus recursos para mantener la importancia de la faena a un toro que se iba apagando. Perdió trofeo con una estocada caída de efectos retardados y el público lo invitó a dar la vuelta al ruedo.

El segundo de la tarde, en suerte para Paco Ureña, fue reemplazado por un negro jirón de Sánchez Arjona que embistió con mayor claridad. Brindó al cuerpo médico de la plaza, iniciando por estatuarios a un toro noble, pronto y obediente que servía. Destacó con buenas series por el pitón derecho pero la faena no escaló a mas por la falta de trasmisión y fuerza del astado que terminó reservón. Acabó de un metisaca perpendicular y una estocada.

El corrido en quinto lugar de La Ventana del Puerto tuvo trapio y bravura, que lució en una gran vara de Ángelo Caro quien defendió su cabalgadura hasta los medios del ruedo. Doblones de inicio de faena, no fueron redondeados porque el toro tardeaba sin entrega. Ureña tuvo la capacidad para jalar al toro e hilvanar faena, aun sin hacerlo romper. Con la izquierda y en cercanías logró despertar al público, pero toreándolo a media altura porque el animal, agotado, había perdido recorrido en su embestida. Tras una gran estocada cortó una oreja.

Plaza de Acho. Segunda Corrida de la Feria del Señor de los Milagros. Con media plaza se lidiaron 6 toros, de Santa Rosa de Lima (1°, 2°, 3° y 4°) y Sanchez Arjona (2°bis) y 6°y La Ventana del Puerto (5°, reseñado como sobrero), de desigual presentación y juego (en el arrastre, pitados el 1° y 3°, aplaudido el 5°), para Miguel Ángel Perera  (silencio y vuelta al ruedo), Paco Ureña (silencio y oreja) y Joaquín Galdós (oreja y ovación). Los toros de El Olivar y La Viña inicialmente acartelados fueron cambiados sin aviso ni explicación de la autoridad ni de la empresa.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Revista CARETAS - EL RETORNO DEL REY. CRONICA 1° CORRIDA ACHO Escribe JAIME DE RIVERO



EL RETORNO DEL REY
En tarde para la historia Andrés Roca Rey retorna a los ruedos con corte de orejas y puerta grande en la primera corrida de la Feria del Señor de los Milagros. Alternó con Enrique Ponce y Finito de Córdoba que se fueron de vacío.

Escribe JAIME DE RIVERO

La tan esperada reaparición de Roca Rey fue realmente triunfal.  Suceso histórico por tratarse de la primera figura del toreo mundial al que una lesión cervical le obligó a cortar la temporada cuatro meses atrás, provocando una autentica hecatombe en la mayoría de plazas de primera y segunda españolas, que se habían encomendado al gallo peruano contratándolo como principal atractivo y soporte taquillero de sus ferias.  

Toreó, mató y venció como si no hubiese ocurrido nada. Como si la lesión y la para no hubiesen existido, mostrando intactas sus facultades y cualidades. Roca Rey reafirmó dos verdades incontrastables que son signo distintivo de su tauromaquia: la capacidad para comprender a los toros y su responsabilidad de auténtica figura del toreo. Esta última, un motor que obliga a dar la cara todas las tardes, sea triunfando con los buenos o sacándole partido a los malos. Con estos preceptos bien implantados, logró superar a su lote y salir a hombros de esta vieja plaza en la que tempranamente nacieron sus sueños de torero.

Y ello, a pesar de que los toros de la ganadería El Olivar y La Viña fueron irregulares en presentación y juego. Una corrida justa de raza y fuerzas –previsiblemente por exceso de kilos- que no llenó al aficionado. No obstante, destacaron por su bravura el segundo y el tercero, que fue bien aprovechado por Roca Rey en una faena tan sólida como rotunda.

Fue precisamente con aquel tercero de El Olivar, abanto y de poco recorrido en el primer tercio, con el que Roca Rey mostró lo mejor de la tarde, desde sus primeras verónicas, quietas y mandonas. Ordenó poco castigo en varas para lucirse en el quite, que fue por chicuelinas muy ceñidas y que pusieron al público de pie.  Con la plaza hirviendo, inició su trasteo con unos erguidos estatutarios. preludio al toreo fundamental.  Con su temple formidable aprovechó la fuerza inicial del astado para embarcarlo y alargar las embestidas, redondeando series importantes por el pitón derecho. Por el izquierdo no hubo la misma voluntad de acometer. Faena cimentada en el temple y el valor que culminó con cambiados, estatuarios y demás adornos. Un estocadón en todo lo alto derrumbó al toro sin puntilla, recibiendo dos orejas indiscutibles.

Con el sexto de La Viña, el torero de Miraflores demostró su consabida capacidad lidiadora para sacar agua de un pozo vacío. El de El Olivar, noble, pero sin fuerza ni codicia, era para abreviar y olvidar. Con la responsabilidad propia de las figuras, aportó lo que el toro no tenía, logrando ensamblar series a un toro parado y que eran inimaginables hacía instantes. Falló con el acero, dejando en silencio una labor que el público no supo reconocer con una ovación.

Hace tiempo que Enrique Ponce no redondea una gran tarde en Acho, la última fue en 2014 cuando conquistó su quinto escapulario. Nuevamente el sorteo no colaboró en esta empresa quedando confinado al peor lote. El que abrió plaza de El Olivar, incierto y probón, se coló por el pitón derecho desde los primeros capotazos. Entonces, su quehacer discurrió por el izquierdo, ligando los naturales a pesar de las complicaciones y el menor recorrido que se acrecentaban con el transcurso de la lidia. Con hambre de triunfo y la responsabilidad de los grandes, buscó entre los pitones una faena que no ofrecía su adversario. La estocada baja de colocación, dejó todo en silencio.

El viñense corrido en cuarto lugar, pronto y alegre de salida, fue perdiendo gas hasta rajarse en la muleta. Tras el brindis a su amigo de muchos años, Santiago de Osma, el maestro lo intentó por todos los medios dándole todas las facilidades a la res, pero su sosería descastada, carente de entrega y repetición, impidió todo. Mató de dos pinchazos y descabello.

Finito de Córdoba es un toreo tan exquisito como irregular. Artista como pocos, necesita el toro dócil y boyante para mostrar su dimensión. El domingo no vimos al Fino que cuando está en plenitud puede voltear los causes de cualquier tarde, como aquella en la que relegó al todopoderoso José Tomas en la mismísima Acho.  No estuvo a la altura del buen toro de El Olivar que salió en segundo lugar y que recibió largo castigo en varas, en un elogiable puyazo de Ángelo Caro que se batió a muerte por defender al caballo. A pesar de ello, el toro lució prontitud, nobleza y obediencia que no fueron aprovechados cabalmente por el de Córdoba. Y es que inexplicablemente, no remató las buenas tandas por el derecho, dejándolas inconclusas y con ello a la faena misma. Culminó de un bajonazo para olvidar. No tuvo opciones con el quinto de El Olivar, orientado y carente absoluto de trasmisión y recorrido.