jueves, 28 de noviembre de 2019

Revista CARETAS "TOROS SIN AJILLO". Escribe JAIME DE RIVERO

TOROS SIN AJILLO

Escribe. JAIME DE RIVERO

Con este titular que viene a ser una suerte de remake, quiero recordar a mi predecesor en la página taurina de esta revista,  mi querido amigo José Carlos Valero Palma que resumió con esas palabras una tarde arruinada por el ganado en Acho El Marqués como también se le llamaba en alusión al título nobiliario que poseía, fue un polifacético español de generosa amistad, que se afincó en Lima a inicios de los años 80, abriendo el Sibaris que fue el mejor restaurante por aquella época. José Carlos se despidió en pleno ejercicio de su afición, viendo toros en Acho, una tarde octubrina de 2013.
El ajillo o ajo  es el ingrediente central de la cocina española tradicional, que era  otra de las grandes pasiones del Marqués. En los toros, el ajillo viene a ser la bravura; ese  ingrediente único e impredecible que hace posible el milagro del toreo en el ruedo. La bravura está definida por un conjunto de atributos que fueron estudiados y listados principalmente por los ganaderos Álvaro y Juan Pedro  Domeqc y Diez, y que uno de los sucesores de dinastía, Juan Pedro Domecq Solis sintetizó como "la capacidad de luchar hasta la muerte", en aquella magnífica charla que dio en Lima en el año 2000.
A los toros del domingo pasado les faltó ajo y ajillo, que no es otra costa que la casta que permite transmitir a los tendidos.  Y sin esa emoción que, además se nutre del peligro que debe imponer el toro, no hay fiesta.  Los astados de Santa Rosa de Lima y El Olivar fueron mansos, tardos y sosos. La antítesis de la casta que cuando es de la buena corona las mejores tardes.
Esta feria opaca en triunfos, tiene el punto débil en el ganado, lo que debe ser corregido como se dijo aquí la semana pasada. En lo que va del ciclo, los toros nacionales, en presencia y juego, han sido una escalera que no corresponde a la solera de nuestra  plaza.
Cayetano es un torero de finas maneras pero de una enorme irregularidad. Justo de valor y entrega, es de los que espera al toro cómodo que le sirva. Liberado de toda culpa por la mansedumbre incorregible del primero de Santa Rosa, que huía por el ruedo, pudo haber hecho más con el cuarto de El Olivar que fue el que más posibilidades ofreció de la tarde. Inició como bravo, con prontitud, movilidad y codicia, pero su falta de raza lo traicionó en el tercio final. El buen inicio de faena de Cayetano, son soberbios doblones, no fue acompañado de la lidia adecuada cuando afloró la mansedumbre que terminó malogrando la faena. Lo despachó de una estocada tendida al segundo intento. Fue silenciado.


Pablo Aguado, que confirmó alternativa, es un torero de corte artista que con lo poco que mostró, dejó buen cartel en los aficionados. Algunos apuntes sueltos llenos de sabor y toreria con el primero (bis) de La Viña, que reemplazó a uno de Santa Rosa cambiado por menor presencia. No pudo redondear faena por la indecisa condición del animal. Aguado tampoco puso toda la carne en el asador que es lo que deben hacer los que quieren llegar a la cima, siguiendo el duro camino recorrido por Roca Rey.
El sexto fue otro toro deslucido de La Viña que embestía a media altura sin entrega. Aguado intentó imponerse con la muleta, pero el toro parado y reservón se lo impidió. No hubo comunión entre ambos ni tampoco nada para anotar. 
Joaquín Galdós no se confío con sus adversarios y ese es un problema que aún no termina de resolver. En el toreo no todo son grandes faenas ni triunfos en apoteosis; cuando lote no es propicio importa mucho los gestos y la predisposicion.
El tercero, de Santa Rosa de Lima, acudía incierto y cruzado en los primeros capotazos de Galdós, cogiendo sin consecuencias a un subalterno. El torero peruano no se confió en ningún momento, cuidando al astado que lució nobleza pero sin emplearse en los engaños. La faena fue de más a menos, con dos buenas series de muleta al inicio del trasteo, aprovechando bien las primeras arrancadas, antes de que se viniera abajo el animal. Una estocada trasera dejó todo en silencio.
El quinto manseó desde los lances de tanteo de Galdós. Tras brindar al matador de toros Rafael Puga, brindó una faena breve en la que nunca se confió ante la descompuesta embestida del deslucido animal de La Viña, carente de raza y casta. Pitos para el toro y silencio para el matador.

CIERRE DE FERIA

Este domingo concluye  la feria con un cartel muy rematado. Se anuncia en corrida goyesca, esto es con los matadores y sus cuadrillas ataviados con trajes de la época de Francisco de Goya. Desde los años  90 no se realizaba una corrida de este tipo en la feria. En segunda comparecencia, Andrés Roca Rey buscará repetir el triunfo de la primera corrida. Alternará con Morante de la Puebla y Sebastián Castella, en la Lidia de la corrida más rematada y cuidada de Aníbal Vázquez .

No hay comentarios:

Publicar un comentario