jueves, 24 de noviembre de 2022

Revista CARETAS -- "FERIA DE TOREROS" ( BALANCE DE LA FERIA) Escribe JAIME DE RIVERO

Roca Rey ganó el Escapulario, e igualó al maestro
José María Manzanares que también obtuvo cuatro. 

FERIA DE TOREROS

Análisis de la Feria del Señor de los Milagros, que tuvo como triunfador a Andres Roca Rey. Faltó la presencia del toro con edad, peso y trapío.

Escribe Jaime de Rivero.

Concluyó la edición 75 de la Feria del Señor de los Milagros, sin alcanzar el gran éxito que todos deseábamos. Los cuatro festejos llevaron más gente de lo habitual. La corrida de Roca Rey estuvo muy cerca de agotar las localidades y los toros regresaron a la televisión abierta. El ciclo demostró que hay afición a pesar del precio prohibitivo de las entradas, que debe ser corregido por la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, mediante una reforma integral de la licitación.

EL GANADO

Fue el punto negro por su defectuosa presentación. Abundó el toro chico, anovillado y sin trapío. No se lidió un solo encierro del mismo hierro y dos corridas se remendaron a último momento, mostrando que la empresa no tenía plan de contingencia. 

En cuanto a juego, funcionaron. De 18 reses, 16 embistieron en distinto grado. La mayor bravura la aportó el ganadero Aníbal Vázquez, destacando los toros “Algarrobo” de La Viña lidiado por Jesús Enrique Colombo y “Romero“ de El Olivar, desorejado por Antonio Ferrera.  

Por la muerte de cinco toros españoles durante el viaje, probablemente asfixiados por la negligencia de los supervisores, se lidiaron tres toros de San Pedro que cumplieron con las justas en presentación. Fueron sosos y desclasado, pero se movieron y a dos le cortaron una oreja.

Los cuatro ejemplares de Juan Manuel Roca Rey no tuvieron trapío y dieron juego desigual, a dos les cortaron una oreja. Los tres españoles del Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto, estuvieron justos en presentación y juego, destacando “Sabueso” lidiado por Arturo Gilio.

En bravura, destacó "Algarrobo" de La Viña, lidiado por
Jesús Enrique Colombo en 6° lugar en la primera corrida de toros
LOS TOREROS

Andrés Roca Rey reapareció en Acho convertido en la gran figura; estuvo por encima de su lote al que le cortó tres orejas, pero sin redondear una faena clamorosa.

Antonio Ferrera llegó decido a triunfar, estuvo inspirado y realizó la faena más emotiva de la feria con “Romero” de El Olivar.

El Juli demostró la maestría que lo mantienen casi 25 años en la cúspide del toreo. Con las ganas de un novillero, hizo frente a Roca Rey con la responsabilidad propia de las figuras, que deben justificarse todas las tardes. Desorejó a uno de la Ventana del Puerto y salió a hombros.

Se despidió de Acho Fernando Roca Rey, cumpliendo sobradamente la papeleta. Salió a hombros sin cortar dos orejas, como se hacía antiguamente con los grandes toreros. Justo homenaje a quien ha sido ídolo absoluto en el interior del Perú.

Emilio de Justo estuvo muy acertado, lidió con clase y oficio el mal lote que le correspondió y cortó una oreja. Joaquín Galdós estuvo valiente, artista y lidiador con uno de El Olivar al que le cortó un apéndice. El venezolano Jesús Enrique Colombo cumplió con su lote, pudo estar mejor con Algarrobo de La Viña que podía torearse con poder por abajo. Manuel Escribano poco pudo hacer con sus adversarios que sólo sirvieron para que se luzca con las banderillas. Arturo Gilio tomó la alternativa y dejó muy grata impresión por su capacidad, inteligencia y buenas maneras. Estuvo acertado con dos oponentes distintos, de acuerdo a su bagaje.

LOS PREMIOS

A mi juicio, las faenas de Ferrera, Roca Rey y El Juli que fueron premiadas con dos orejas, competían en forma pareja por el Escapulario de Oro.  El jurado oficial eligió ganador a Roca Rey, con una mayoría apabullante que no reflejó la diferencia entre ellas. 

El Escapulario de Plata debió recaer en el más bravo y ese no fue el galardonado “Sabueso” del Puerto de San Lorenzo, lidiado por Arturo Gilio, que prácticamente no fue picado y dio signos intermitentes de mansedumbre, sin perjuicio de la casta mostrada en la muleta, a la que embestía con una clase y codicia extraordinarias.  No debe olvidarse que la bravura se mide en el conjunto de la lidia y no sólo en la muleta, como tampoco únicamente en la suerte de varas. El toro bravo debe serlo en los tres tercios. 

Se hizo bien en conceder los escapularios que son los premios oficiales y forman parte de la feria. Sería incongruente que una corrida aprobada por la autoridad, después de lidiada, resulte descalificada por quienes no tienen esa atribución y que con ello se perjudique a los toreros que arriesgaron su vida y triunfaron. Esto sólo dañaría el prestigio de la feria. Ante hechos similares ocurridos en las ferias de 1958 y 1980, Manuel Solari Swayne se mostró a favor de entregarlos, opinando que o se suspendía la corrida, o se premiaba sin restricciones con los trofeos en juego.

Las dos principales peñas, El Puntillazo y el Centro Taurino de Lima, que son ajenas a la organización de la feria, hicieron bien en no otorgar sus premios y publicar comunicados que recogen el malestar de los aficionados por el ganado presentado.

LA AUTORIDAD 

Pésima. Aprobó toros impresentables para una plaza de primera categoría, traicionando al público que debía defender. Cedió a la presión de la empresa, se excedió en algunos apéndices y ordenó la vuelta al ruedo a animales que no lo merecían a cabalidad. Tampoco ejerció autoridad en el callejón, en donde toreros y apoderados hicieron lo que quisieron.  

La experiencia histórica indica que la autoridad en Acho no puede continuar en manos de un municipio empobrecido, angurriento de impuestos y ajeno a lo taurino, que no cumple su función que es fiscalizar y defender los intereses del público.   

LA EMPRESA

Falló nuevamente con lo principal que es el ganado, que debió ser prioritario para una feria corta de tres festejos. No se pide el toro grande, sino uno con la edad y el trapío reglamentario, como el que lidian las figuras en Valencia, Zaragoza, Málaga o Logroño.

El mini abono es perjudicial porque menoscaba al abono. Las plazas más relevantes cuentan con un abono robusto que al reducir el riesgo empresarial, permite mayor número de corridas y mejores carteles, con variedad de toreros y encastes. Además, el abono preserva la personalidad de una plaza, es contrapeso del público de aluvión y hasta repercute en la concesión de orejas, porque el empresario no necesita presionar al juez por triunfos para vender la siguiente corrida. 

LA BENEFICENCIA Y LA PROXIMA LICITACION 

La Beneficencia debe internalizar que el arrendamiento que percibe de Acho, solo será sostenible en el tiempo con un producto de calidad, que no se está dando. Debe tener un rol más activo en el control del espectáculo. Si el público deja de asistir a los toros, sus ingresos se extinguirán.

La forma de preservar Acho es brindando un espectáculo de calidad, con toros con edad, peso y trapío. Esto es difícil con un alquiler de 35% de los ingresos por venta, que no ocurre en ningún negocio. Este arrendamiento irracional y leonino fomenta la picaresca y la informalidad del empresario, que se ve obligado a sacrificar la calidad para reducir costos y no perder dinero.

Por ello, en la próxima licitación se debe abandonar el actual esquema cortoplacista enfocado exclusivamente en la recaudación, y sustituirlo por uno que priorice la calidad como vehículo para aumentar el número de abonados y poder alcanzar ingresos similares para la Beneficencia en el tiempo. El ganador no debe ser quien más dinero ofrezca, sino el que mayor calidad garantice al menor precio posible de las entradas, con un alquiler a valor de mercado. Se puede complementar con proyectos de turismo de tradiciones y gastronomía en la plaza, para generar mayores ingresos durante todo el año y cubrir la brecha de lo que hoy percibe la Beneficencia.

En anteriores artículos me he ocupado sobre los proyectos para Acho,  "Como optimizar la plaza de Acho" publicado en la revista de negocios Semana Económica (2011)  https://eltaurinodigital.blogspot.com/2011/02/como-optimizar-la-plaza-de-acho.html "El Proyecto para Acho", publicado en el diario Expreso (2011) https://eltaurinodigital.blogspot.com/2011/09/diario-expreso-el-proyecto-para-acho.html.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Revista CARETAS: A MENOR BRAVURA MAYOR CASTA TORERA Escribe JAIME DE RIVERO

"A MENOR BRAVURA, MAYOR CASTA TORERA"

Andrés Roca Rey y El Juli salieron a hombros en el cierre de feria. Arturo Gilio tomó la alternativa y cortó una oreja. Se lidiaron tres toros españoles del Puerto de San Lorenzo y la Ventana del Puerto, y tres de San Pedro.  

Escribe Jaime de Rivero


La bravura es el estandarte del toro de lidia que lo diferencia del buey o el de carretón, sangre única que es herencia legitima de su ancestro, el fiero bos taurus primigenius que antiguamente habitó en Europa. La bravura no es un torrente uniforme, hay infinitos grados y matices que también incluyen a los mansos, porque los hay dentro del universo del ganado bravo. Un manso encastado es el que se crece, va a más y puede ofrecer juego si tiene al frente a un torero que sepa darle la lidia adecuada para extraer ese fondo de bravura inherente a su raza.

Manso encastado fue el que abrió plaza del Puerto de San Lorenzo que salía suelto de los capotes y tendía a cobijarse en tablas. Fue tedioso fijarlo. Se escupió de una vara al relance y en otra, que apenas fue un picotazo, no recargó contra el caballo para luego buscar la querencia. Todo ello cosas de mansos a la letra del Cossio, el Domecq, el otro Domecq y el resto del doctrinal taurómaco.

Arturo Gilio de México, que tomaba la alternativa, acertó en el planteamiento de la lidia, alejándolo de las tablas para consentirlo hasta meterlo en muleta. El manso se fue arriba, sacó raza para tomar los muletazos con prontitud, clase y codicia. Derechazos de mano baja con el hocico barriendo la arena fueron de mucha emoción, aprovechando que el animal tenía recorrido, se rebozaba y repetía con alegría una y otra vez. El toro tuvo muchísima clase, que es una cualidad intrínseca del encastado. Pero nuevamente buscó tablas, se rajó, y por eso el toricantano concluyó su labor con bernardinas a favor de la querencia de toriles. Se le escapó el premio por marrar con la espada. Incomprensiblemente, el jurado oficial premió como el más bravo de la feria a este ejemplar que no cumplió a cabalidad.

Con el sexto de San Pedro, el mexicano ratificó que posee recursos, inteligencia y poder; inventó una faena a un huidizo que buscaba refugio en tablas. Al fino toreo a la verónica, le siguió un buen puyazo en el sitio que no lo afectó de inmediato.  No fue fácil de banderillear porque el animal se aplomaba y esperaba a los peones en el tercio.  A la muleta acudía ceñido, sin son, dificultando el acople inicial. Avanzada la faena, Gilio logró domeñar con firmeza las embestidas, se arrimó y aguantó. Extrajo pases inimaginables a un tipo de toro que, usualmente descubre a los toreros sin ambición como a los malos aficionados que ni se enteran. Con una gran estocada ganó a ley la oreja.

El sanpedro que hizo de segundo, fue un manso declarado que saltó al callejón y luego recibió fuerte castigo en varas. El Juli lo dejó a su aire y mejoró, ganó fijeza y se dejó banderillear. El español se enfrascó en una labor esmerada, sobando y reteniendo a la res en los medios para evitar la huida, esfuerzo que capitalizó en una serie de calidad por pitón derecho, muy valorada por los aficionados que analizan a detalle la lidia. Falló con el estoque y descabello.

Al cuarto de la Ventana del Puerto, El Juli lo fijó a la verónica llevándolo a los medios con gusto e inteligencia. El puyazo fue seguido por el quite por chicuelinas y la media verónica de remate, ovacionados por el público. En banderillas, el toro humilló y persiguió al peonaje sin dolerse, tragando muy bien por el izquierdo. El Juli inició la faena con pases de tanteo conduciéndolo a los medios, principalmente por el lado derecho, bajándole la mano con lentitud, temple y pulcritud.  Cambió de mano varias veces para intentarlo por el izquierdo, sin lograr cuajarlo del todo. La lidia fue ejemplar ante un buen toro, con clase en las embestidas.  Las series finales en redondo y la estocada arriba, rápida y efectiva, aunque algo trasera, le permitieron llevarse dos orejas que algunos criticaron de excesivas. 





Roca Rey ganó el escapulario de oro por la faena al tercero del Puerto de San Lorenzo, que fue de esas que están en el limbo, entre una y dos orejas; la orejota que apuntaba el Marqués Valero de Palma en esta página taurina que ya tiene 72 años. Dirigió la lidia cuidando las escasas fuerzas del astado para que no se pare. No lo forzó, lo dejó libre para poder meterlo en muleta aprovechando la prontitud, clase y repetición que tibiamente mostraba en sus acometidas. Manejó los tiempos del toro, con pausas y desplantes para no agotarlo. Concluyó el trasteo con el animal entregado, humillando con lentitud en los redondos y otros pases finales de buena factura. Estocada de correcta ejecución, más no de colocación. 

Tras la concesión de las orejas, en un descuido del público y casi a escondidas, el inefable Juez ordenó la vuelta al ruedo de este ejemplar, sin que exista razón alguna. Nuevamente, el palco regodeándose en la improvisación, la ignorancia y el despreció por la plaza y su prestigio.

El quinto de San Pedro, protestado por chico, fue complicado por soso y mirón. Sin nada relevante en los primeros tercios, Roca lo llevó con suavidad a los medios y le propinó series por derecho de tres pases y el de pecho. Cuando el animal fue perdiendo facultades, recurrió al toreo de cercanías, aguantando y ajustándose. Hizo al toro. Lo despachó de una estocada tendida y recibió una oreja.

lunes, 14 de noviembre de 2022

EFE- ROCA REY CORTA TRES OREJAS EN ACHO Y RECIBE EL ESCAPULARIO DE ORO Escribe JAIME DE RIVERO

 

ROCA REY CORTA TRES OREJAS EN ACHO Y GANA EL ESCAPULARIO DE ORO

EFE  

Corresponsal Jaime de Rivero

En tarde nublada y con la plaza de Acho llena hasta la bandera, se celebró la tercera y última corrida de toros de la Feria del Señor de los Milagros, en la que han salido a hombros Andrés Roca Rey y El Juli, mientras que Arturo Gillio que tomó la alternativa, se llevó un trofeo. Concluida la corrida, el jurado oficial otorgó el Escapulario de Oro a Andrés Roca Rey, como máximo triunfador del ciclo limeño. El Escapulario de Plata fue concedido al toro Sabueso, de 492 Kg, del Puerto de San Lorenzo, lidiado hoy en primer lugar por Arturo Gilio.

Roca Rey dirigió la lidia del tercero del Puerto de San Lorenzo, noble pero escaso de fuerzas, con la finalidad de que no se pare y aplome, supeditando los dos primeros tercios a dicha condición.  El inicio fue con cambiados de rodillas y derechazos en los medios que son de la marca propia de Roca Rey, y que encendieron los tendidos bajopontinos. Dejó siempre al toro libre, a su aire, sin forzarlo, para luego meterlo en muleta y bajarle la mano por ambos pitones, aprovechando la prontitud, clase y repetición que mostraba en sus acometidas. Cuidó al toro, manejó muy bien los tiempos, con pausas y desplantes para no agotarlo. Concluyó la faena con el animal entregado, humillando en los redondos y otros pases finales. Roca Rey ejecutó la suerte suprema de manera correcta, aunque la estocada quedó caída del lado contrario. Recibió las orejas del toro, al que se le dio una vuelta al ruedo que no merecía.

El quinto de San Pedro, protestado por chico, fue complicado por manso, soso y mirón. La suerte de varas fue correcta en ejecución pero sin provocar pelea ni lucimiento, tampoco en banderillas.   Roca partió de las tablas para llevarlo con suavidad a los medios, en donde le propinó series por derecho de tres pases y el de pecho, sin  exigirlo demasiado. Instrumentó un muleteo efectivo, pero sin poder coronarlo por la sosería y vulgaridad del astado que no aportaba mucho y trasmitía muy poco.  Cuando el animal fue perdiendo facultades, hizo el toreo en corto o de cercanías, aguantando y ajustándose con el animal. El peruano intentó de todo hasta el final. Lo despachó de una estocada tendida y recibió una oreja.

El San Pedro que hizo de segundo, fue un manso declarado que de salida saltó al callejón y luego recibió fuerte castigo en varas, lo que es necesario con animales de esta condición para que cambien de comportamiento y no se aparten del pleito. También llevado a su aire por El Juli, el manso varió a mejor en el segundo tercio, ganando la fijeza necesaria para dejarse banderillear. El Juli hizo un trabajo esmerado, sobando y reteniendo al toro durante toda la faena para evitar la huida, esfuerzo que finalmente se materializó en una serie de calidad por pitón derecho que fue bien recibida por los buenos aficionados que analizan la lidia a detalle.  Falló con el estoque y descabello. Silencio.

Al cuarto de la Ventana del Puerto, El Juli lo fijó a la verónica llevándolo a los medios con gusto e inteligencia, aprovechando que tomaba los engaños con franqueza y decisión como los hacen los de su encaste, Domecq. El puyazo fue seguido por el quite por chicuelinas y la media verónica de remate, muy coreados por el público. En banderillas el toro mostró que humillaba y perseguía al peonaje, sin dolerse, tragando muy bien por el izquierdo. El Juli inició la faena con pases de tanteo conduciéndolo a los medios, principalmente por el lado derecho, bajándole la mano con lentitud, temple y pulcritud.  El español cambió de mano varias veces para intentarlo por el izquierdo, sin lograr cuajarlo del todo. Las series finales en redondo y la estocada arriba, rápida y efectiva, aunque algo trasera, le permitieron llevarse dos orejas. 

Arturo Gilio se hizo matador de toros con el primero de la tarde, un manso encastado del Puerto de San Lorenzo que salía suelto y tendía a cobijarse en tablas, pero que cambió en la muleta, sacando a flote un gran fondo de bravura. Se dolió en varas ni bien sintió la puya, sin recargar. Embistió galopando, con clase y codicia barriendo la arena. El toricantano estuvo acertado en el planteamiento de la lidia, consintiéndolo sin agobiar, para meterlo en la lucha y luego someterlo con derechazos de mano baja. El toro tenía una larga embestida, se rebozaba y regresaba con codicia a la tela una y otra vez. Con unas bernardinas a favor de la querencia de toriles, el mexicano concluyó su trasteo.  Se le escapó el premio por marrar con la espada varias veces. Recibió palmas.

Con el último de la tarde, otro manso de San Pedro que todo el tiempo buscó la barrera, Gilio inventó una faena aprovechando lo poco que ofrecía su adversario. El buen toreo de recibo a la verónica, fue seguido por el castigo en varas con un buen puyazo en el sitio.  No fue fácil de banderillear porque el astado se aplomaba en el tercio, sin arrancarse a los rehileteros que debieron salir a buscarlo, lo que conlleva mayor exposición y peligro.  En la muleta embistió cruzado, ceñido y descompuesto, complicando el acople inicial. Avanzada la faena, Gilio domeñó las embestidas, estuvo firme y arrimado, aguantó y mandó sobre al animal, hasta extraerle todos los pases que minutos antes nadie imaginaba. Torero inteligente y que soluciona dificultades, ha dejado una buena imagen en Acho.  La estocada fue magnifica y el toro rodó sin puntilla. Ganó a ley la oreja que se le concedió.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Revista CARETAS: ANTONIO FERRERA, POR LA PUERTA GRANDE Escribe: JAIME DE RIVERO

 

ANTONIO FERRERA, POR LA PUERTA GRANDE

El extremeño cortó dos orejas y salió a hombros de la segunda corrida de la Feria del Señor de los Milagros. Emilio de Justo y Joaquín Galdós también cortaron trofeos en una tarde en la que el ganado de La Viña y El Olivar reafirmó su bravura en Acho.

Escribe Jaime de Rivero

Viernes 11, noviembre de 2022

La casta de los toros de El Olivar y La Viña volvió a relucir en Acho, como en los tiempos de Joselito, Belmonte, Ortega, Manolete y otras leyendas que los lidiaron y así escribieron una parte memorable de nuestra riquísima historia taurina. El Olivar, fundada hace más de un siglo por Manuel Celso Vázquez, y La Viña, años después por Víctor Montero Kossuth, pudieron vencer las miserias que trajo la Reforma Agraria, la depredación y el terrorismo, gracias al rescate de los remanentes que hizo la trujillana familia Vázquez, cuando todo parecía perdido.  El acierto de los nuevos cruces y la selección a cargo de Aníbal Vázquez, ha rendido con creces hasta lograr una cabaña que está alcanzando la tan anhelada regularidad o predictibilidad de juego, que distingue al auténtico ganadero de los simples criadores.  

El domingo todos los toros embistieron -algo inusual hoy en España- y al 4° se le dio la vuelta al ruedo, destacaron también el 2°, 3° y 5°.  La corrida fue noble y encastada, tuvo movilidad y trasmisión, no exenta de peligro porque no son bobalicones, sino de los que prueban y se enteran.  Es cierto también que no humillaron lo que debían y, por eso, no afloró la clase de otras tardes, pero el juego del conjunto fue de buena nota.

Correctos en presentación por edad, hechuras y remate, es lo que Acho merece y no lo soltado en los primeros festejos.  La media fue 495 kg, que confirma que no es necesario el mastodonte atacado de kilos que usualmente termina parado. En los anales consta que los 15 toros indultados en la feria limeña promediaron 488 kg; 11 por debajo de 500 y, de estos, 6 no alcanzaron 460 Kg.  Más allá de lo que diga un pizarrón, lo principal es, siempre, el trapío según el encaste.

La arboladura fue inaceptable. Cornicortos y brochos, y por si fuese poco, con signos de manipulación o afeitado. La empresa parece aislada de la era digital, ignora que el aficionado está conectado con España y que fácilmente compara y descubre el engaño que salga de chiqueros. Todo ocurre con el aval de una autoridad que parece domeñada para aprobar lo que está proscrito. No olvidamos que el promotor del afeitado es el torero, que presiona -y no pocas veces- condiciona- al empresario. El ganadero se opone a la manipulación de sus toros, pero también cede porque no tiene el poder de quien ordena -a veces sin piedad- a los varilargueros en el ruedo. Urge un juez que, con afición y honestidad, ponga en rigor el reglamento del espectáculo; que no funja, que impere con autoridad como principal protector de la integridad de un rito que, solo tiene verdad y gloria con el toro de trapío y sus defensas intactas.

El domingo hubo un artista que se fundió con la plaza y ese fue Antonio Ferrera, cuyo triunfo ha sido un bálsamo que lo revitaliza en medio de una larga sequía en las plazas resonantes. Torero irregular e intermitente, es de los que en cualquier momento puede sorprender. Y lo hizo con el cuarto de El Olivar que fue bravo, noble y repetidor. Prodigó torería durante toda la lidia, especialmente en las verónicas, los galleos y el quite con el capote a la espalda. Compartió los palos con Joaquín Galdós, sobresaliendo ambos en un tercio que resultó estupendo. 

Aprovechó el galope inicial para encausar las embestidas por el derecho, consintiéndolo a media altura para, en las tandas que le siguieron, bajarle la mano y llevarlo con el morro por los suelos. Con reposo, gusto y poderío, Ferrera cuajó muletazos de impecable registro. Los naturales también fueron logrados, pero menos profundos.  Cuando el toro no quiso más batalla, apeló al oficio para impedir la huida, atacándolo para provocarlo, ligarlo y retenerlo.  Remató con una soberbia estocada al encuentro, citando a gran distancia, cuya colocación caída no impidió que la faena concluyera triunfal, con las orejas en sus manos.

El primero de la tarde fue un viñense débil, probón y descompuesto, que se defendió en la pica y las banderillas. Ferrera lo tanteó por ambos pitones, sin hallar la embestida franca deseable que lo animé a explorar un poco más, pues al menor descuido se revolvía con peligro, en una lo trompica sin consecuencias por que el diestro se confía. 

Emilio de Justo tuvo oficio y valor con el que hizo segundo, un brocho encastado de La Viña, que miraba, medía y probaba en los engaños. Con la pañosa dominó sus peligrosas embestidas, sometiéndolo por el derecho en tandas ligadas en las que componía la figura con aromas de escuela clásica. Por el izquierdo, solo pudo lograr pases sueltos porque el animal no repetía. Cuando cogió el acero el toro estaba entero, con poder y peligro, así las cosas, prefirió no arriesgar en los adornos y se perfiló pronto para la muerte.  Con la estocada en lo alto se llevó un trofeo.

El quinto de La Viña, encastadoy repetidor de salida, fue bien recibido a la verónica por de Justo, para luego gallearlo hacia la cabalgadura a la que empujó en el puyazo. Durante el tercio final el toro cambió a tardo y reservón, estuvo siempre con el torero, que debió recurrir al toque y el zapatilleo rotundos para hacerlo pasar, una y otra vez, reponiendo así la emoción que la faena perdía. El demérito fue la falta de ligazón, reconociendo el valor de los derechazos que instrumentó. Falló con la espada.

Joaquín Galdós se enfrentó a dos de El Olivar. Con el tercero, sobrado en prontitud y movilidad, no pudo recrearse en los primeros tercios, que fueron de tanteo a un oponente que no dejaba que nadie se acomode a gusto. El trasteo lo inició con molinetes de rodillas empalmados con derechazos que de inmediato encendieron los tendidos. Persistió por el mismo lado, en series de gusto y poderío a un astado que llevaba peligro y que en un descuido lo empaló sin consecuencias. Culminó con redondos, sin haberlo intentado nunca por el izquierdo. Un pinchazo y una estocada, ambos en el sitio, le permitieron cortar el premio que un sector protestó. 

El manso encastado que cerró plaza, fue mal picado y salió de varas mermado de facultades para el resto de la lidia. El buen inicio de Galdós por el pitón derecho, no pudo continuar con series completas porque el animal se paraba e impedía la ligazón de los muletazos. Pinchazo, estocada y silencio.



 

APLAUSOS -- HISTORIA DE DOS PRODIGIOS QUE SE INICIO EN ACHO. Escribe JAIME DE RIVERO

 


Escribe JAIME DE RIVERO

El domingo 13 de noviembre, Andrés Roca Rey reaparecerá en Acho, la primera plaza que pisó y que durante los últimos dos años no celebró corridas por causa de la pandemia. Compartirá cartel con El Juli y el mexicano Arturo Gilio, que tomará la alternativa, en la lidia de los tres toros sobrevivientes de la corrida del Puerto de San Lorenzo y la Ventana del Puerto, y tres del hierro de San Pedro.

La expectativa por el festejo está desbordada en la capital peruana, al igual que en España, cada vez que torea Roca Rey, el papel se esfuma y los tendidos explotan. Esta vez, el diestro del barrio de San Antonio, se presenta después de una temporada rotunda, como gran figura indiscutible, coronada con triunfos resonantes en las plazas de Madrid, Bilbao, Pamplona y muchas otras.

En Lima ya hay historia escrita. Julián y Andrés compitieron en el histórico mano a mano que abrió la feria del 2016, cuando la plaza cumplió la nimiedad de 250 años. Aquella vez, Roca salió victorioso con los Garcigrande y Domingo Hernández, que, sumado a otro triunfo memorable en la última de abono, le permitió conquistar su segundo Escapulario de Oro del Señor de los Milagros.  Ya acumula tres de estos galardones en su finca sevillana, con la singularidad de ser el único que los ha obtenido consecutivamente, del 2015 al 2017. Por su lado, El Juli suma dos escapularios, el primero en 1998, cuando Andrés recién aprendía a caminar. 

En la edición del 2018, los dos toreros se anunciaron con Enrique Ponce, en una tarde en la que El Juli no salió por la puerta grande de Acho por marrar con la espada. Roca Rey si lo hizo, llevándose tres apéndices del encierro de Sánchez Arjona.  Y el próximo domingo será la tercera vez que se enfrenten en Lima.

Ahora, en lo personal, la relación se remonta a muchos años atrás. Desde muy niño Andrés ha sido ferviente admirador de El Juli, así siempre lo ha declarado. Me contaba su padre que después de la escuela, el entretenimiento favorito era ver videos de faenas memorables, principalmente, las del astro madrileño.

Con 10 años de edad, Juan Manuel Roca Rey, el tío empresario de Andrés, le presentó a El Juli en la puerta de cuadrillas de Acho, minutos antes de un paseíllo de feria. El respeto y solemnidad de El Andy -como por entonces se hacía llamar- quedaron registradas en una fotografía.

Tiempo después y con ocasión de un festival en la plaza de Mamacona, al sur de Lima, Roca Rey le brindaría un becerro a El Juli, que fue invitado para verlo torear, pues ya entonces le habían comentado de un pequeño prodigio que se perfilaba como torero de revolución y al que el maestro José Antonio Campuzano ya le había echado el ojo para lanzarlo como a Castella.  Curiosamente, en esos momentos, el apoderado de El Juli era nada menos que otro maestro, Roberto Domínguez, quién hoy dirige los intereses de Roca Rey.

El Juli y Andrés han declarado en diversos medios su respeto y admiración recíprocas. Hoy los dos son figuras indiscutibles, de las que marcan época. Este domingo, veremos nuevamente su rivalidad y competencia en el ruedo limeño.



 

lunes, 7 de noviembre de 2022

Revista APLAUSOS: FERRERA TRIUNFA CON ROTUNDIDAD EN LIMA

Revista APLAUSOS: FERRERA TRIUNFA CON ROTUNDIDAD EN LIMA

Cortó dos orejas del cuarto, mientras que Emilio de Justo y Joaquín Galdós se llevaron una.

Corresponsal Jaime de Rivero


La plaza de Acho registró este domingo tres cuartos de entrada, en tarde soleada, para la segunda corrida de la Feria del Señor de los Milagros, en la que ha triunfado con rotundidad Antonio Ferrera, que, tras cortar dos orejas al cuarto de la tarde, salió a hombros por la puerta grande, en tanto que sus alternantes, Emilio de Justo cortó una oreja al igual que Joaquín Galdós.

Se lidiaron seis toros de La Viña y El Olivar, del ganadero Aníbal Vázquez, encastados, nobles y con trasmisión, destacando por su buen juego y movilidad el 2°, 3, 4° y 5°. Al 4° se le dio la vuelta al ruedo.

Con una faena pródiga en oficio, compromiso e inspiración, Antonio Ferrera triunfó sólidamente con el cuarto de la tarde de El Olivar, que fue bravo, noble y repetidor. El diestro español estuvo entregado con el público, destacando por su torería durante toda la lidia, principalmente con los lances a la verónica, los galleos y el quite con el percal a la espalda.  Junto con Joaquín Galdós, brindó un estupendo tercio de banderillas.  

Con la muleta, supo aprovechar el galope inicial para domeñar las embestidas de su oponente, consintiéndolo a media altura para luego bajarle la mano y someterlo con profundidad. Hubo muletazos notables sobrados en gracia, reposo y poderío. Por naturales hizo lo propio, pero con menor intensidad.  Cuando el animal comenzó a pararse, Ferrera puso lo que faltaba, atacándolo para hacerlo embestir y repetir.  Citó a gran distancia para, andando, recibirlo con una estocada que, a pesar de caída, resultó suficiente para que el público exija las dos orejas.

El que abrió plaza de La Viña, probón y escaso de fuerza, se defendió durante los tres tercios, Con la muleta, Ferrera lo tanteó por ambos pitones sin lograr acoplarse con un animal que al primer error se revolvía con peligro.

Emilio de Justo cortó una oreja al segundo de la tarde, un brocho encastado de La Viña, tocado de pitones, que siempre estuvo mirando, midiendo y probando en los engaños. Con la muleta, dominó sus peligrosas acometidas, sometiéndolo por derechazos en varias tandas ligadas. Por el izquierdo, solo pudo lograr pases sueltos porque el animal ya no repetía. Exhibió oficio y valor. Una estocada en lo alto le permitió recibir un trofeo.

El quinto de La Viña, encastado, franco y repetidor de salida, fue bien recibido a la verónica por de Justo, para luego gallearlo hacia el caballo de picar, al que empujó en el puyazo. En el tercio final el toro fue volviéndose tardo y reservón, muy pendiente del torero, que tuvo que recurrir a los toques fuertes de muleta para hacerlo pasar, generando emoción en los tendidos. Si bien instrumentó buenos muletazos por el pitón derecho, no logró redondear las series finales. A la faena le faltó ligazón y un poco más de entrega para sacarle mayor provecho al burel.  Falló con el estoque.

Joaquín Galdós lidió dos de El Olivar. Cortó una oreja al tercero, que tenía prontitud y movilidad. No hubo mayor lucimiento en los tercios iniciales que fueron de tanteo. El inicio de faena fue con molinetes de rodillas empalmados con derechazos, que pronto encendieron a los tendidos. Continuó por el mismo pitón en series toreando con arte y poderío a un toro que llevaba peligro y que en un descuido lo empala. Remató su labor con redondos, pero sin haber intentado por naturales. Finiquitó con un pinchazo y una estocada en el sitio. 

Cerró plaza un manso encastado que fue muy castigado en varas, lo que terminaría mermando sus facultades.  El buen inicio de faena por el pitón derecho, no pudo ser continuado con series rematadas porque el animal se paraba, permitiendo pases sueltos que no lograron unidad.

 

FICHA

Plaza de Acho. ¾ de entrada. 2° corrida de toros. Se lidiaron 3 toros de La Viña (1°, 2° y 5°) y El Olivar (3°, 4° y 6°), bien presentados pero deficientes y tocados de pitones. Encastados, nobles, con movilidad y trasmisión. Antonio Ferrera (silencio y 2 orejas), Emilio de Justo (oreja y silencio) Joaquín Galdós (oreja y palmas) 

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

Revista CARETAS: LA PLAZA PROTESTA Escribe JAIME DE RIVERO

 

LA PLAZA PROTESTA  (Revista CARETAS)

La mala presentación del ganado frustró la primera corrida de toros en Acho. Fernando Roca Rey se despidió de la afición, cortó una oreja y salió en hombros. Jesús Enrique Colombo también se llevó un apéndice del bravo “Algarrobo” de La Viña, al que se le dió la vuelta al ruedo.

Escribe Jaime de Rivero

Toro, torero y público son los pilares esenciales sobre los que reposa el toreo, son necesarios e insustituibles, basta que uno falle para que el espectáculo no sea posible. Se debe recordar que toro es el que reúne la edad, el peso y el trapío reglamentario. Y eso no salió por chiqueros el último domingo en Acho, en que, sin aviso previo, se remendó la corrida de Juan Manuel Roca Rey con tres astados de La Viña, que -salvo el sexto- tampoco cumplieron en presencia. Todo ello con la anuencia de la autoridad que es el Municipio del Rímac.

En esta página hemos señalado a la empresa que no debe ofrecer corridas de toros sin toros (“Sin toros no hay paraíso”, Caretas N°2617), porque atenta contra el público que, de los tres pilares, es el más importante. Y lo es porque su dinero banca todo, toro, torero y los que viven de ello. Burlar al público merma la asistencia futura y la supervivencia de la plaza, tal como expliqué en el artículo La Ruina de Acho de 2013.  

El público protestó fuerte en los tendidos, con reclamos, bronca y bocinazos de diverso calibre. Concluido el festejo, el malestar se trasladó a las redes, en donde las quejas han sido numerosas, con comunicados de las peñas El Puntillazo, Centro Taurino de Lima, entre otras.

Al aficionado lo defiende la autoridad, pero esta no cumple su función y, por el contrario, da pase a encierros indecorosos. Con una autoridad fuerte y respetable, la calidad del espectáculo estaría garantizada, tal como ocurre en las principales plazas del mundo.

Pero tampoco podemos desconocer nuestra realidad, en la que existen muy pocas ganaderías que críen toros con el trapío y la regularidad de juego que las haga elegibles para Acho. No hay de dónde encontrar reemplazos. Por ello, rechazar un encierro conlleva a suspender la corrida y devolver el dinero de las entradas, y eso no conviene a la empresa, mucho menos a la autoridad y a la Beneficencia, que también perderían ingresos e impuestos. Entonces, todos bailan el mismo tango.

El problema es de números. En el fondo, los incumplimientos se originan en las condiciones abusivas de alquiler que impone la Beneficencia de Lima, con las que se asigna el 35% de la venta de entradas, que con impuestos elevan el gravamen al 50% de los ingresos. Ni el negocio del oro soportaría un sistema tan usurero, único en el mundo taurino, y que explica –pero no justifica-  los malabares y vivezas para reducir costos y evitar pérdidas.

La Beneficencia debe cuidar al empresario y no exprimirlo sin piedad, pues ello perjudicará la calidad del espectáculo. Es impostergable reestructurar la licitación de Acho como explique en los artículos “Propuestas para la Licitación de Acho 2012” publicado en 2011 y “La Ruina de Acho”.   La propuesta (1) consiste en abandonar el actual esquema cortoplacista enfocado en la recaudación sin importar lo que ocurra en el ruedo, y sustituirlo por uno de larga duración que priorice la calidad como vehículo para aumentar el número de abonados y poder alcanzar ingresos similares para la Beneficencia. No debe ganar quien más dinero ofrezca, sino el que mayor calidad garantice al menor precio posible de las entradas, incluso con una utilidad controlada como ocurre en otras actividades comerciales. Sin esta reforma, la reincidencia y el mayor deterioro serán inevitables.

En cuanto a la corrida, Manuel Escribano poco pudo hacer con su lote, que sirvió solo para los tercios de banderillas en que los tres alternantes se lucieron.

Se despidió de Acho Fernando Roca Rey, una autentica figura nacional que por muchos años hizo campaña en los pueblos, siendo el líder de una generación de toreros que revitalizó la fiesta en el interior, propiciando el auge sin precedentes que hoy existe. El surgimiento de Andrés, no habría sido posible sin esa valiosa camada de toreros entre los que se incluye a Juan Carlos Cubas, Alfonso de Lima, Paco Céspedes, Víctor Hugo Garavito y otros tantos.  

Roca Rey cortó una oreja al quinto de la tarde, tras un gran tercio de banderillas que compartió con su cuadrilla. Con la muleta, aprovechó las buenas arracadas del astado para torearlo dejándosela siempre en la cara y lograr la ligazón de los pases, especialmente, por el pitón derecho. Por el izquierdo no se dejaba, los muletazos fueron de uno en uno. Mató de una estocada arriba y recibió una oreja.  Con el primero, remiso a embestir, poco pudo hacer. Al final de la tarde, fue sacado a hombros de la plaza en reconocimiento a su importante trayectoria.

El sexto fue un gran toro de La Viña, de nombre emblemático para esa ganadería, “Algarrobo” (2), colorado, corto, bajo y de buenas hechuras. Rindió con buena nota en nobleza, fijeza, clase y repetición. Jesús Enrique Colombo, que ya tenía una oreja del tercero, lo toreó principalmente por derechazos en tandas que encendieron a los tendidos. No aprovechó del todo al animal, que pedía que le cuajaran muletazos por abajo para mostrar la real dimensión de su bravura. Pinchó con la espada, perdiendo la salida por la puerta grande. Algarrobo recibió el honor de la vuelta al ruedo.

(1)    El modelo de licitación debe ser modificado para orientarlo a la calidad, premiando al que más y mejores corridas ofrezca y con entradas a menor precio. En este aspecto, la gestión empresarial podría tener una utilidad controlada -como ocurre en otras actividades comerciales-, a fin de mantener una escala de precios accesible que asegure la supervivencia de la afición. Estos son asuntos que los aficionados unidos deberían debatir e impulsar de ser convenientes.  (De Rivero, Jaime. (2012) Propuestas para la Licitación de Acho 2012” ver en: http://eltaurinodigital.blogspot.com/2011/12/propuestas-para-la-licitacion-de-acho.html

 (2) "Algarrobo”, N° 385, con 450 Kg. fue indultado por Vicente Ruiz El Soro, en la plaza de Acho, el 6 de diciembre de 1992, la tarde en que Pablo Salas tomó la alternativa.  El nombre -probablemente de la vaca madre- proviene de los abundantes algarrobos que crecían en la dehesa de la ganadería, ubicada en Jayanca, al norte de Chiclayo. En el bosque de algarrobos, Don Victor Montero Kossuth, fundador de La Viña, mandó construir un pozo de agua y bebedero donde los toros en absoluta libertad, acudían voluntariamente. 

(3)  Sin toros no hay paraíso" ver en: http://eltaurinodigital.blogspot.com/2019/11/revista-caretas-sin-toros-no-hay.html